
Los Salmos no son promesas — son oraciones
Guardaste ese versículo de los Salmos como una promesa. Y cuando la vida no coincidió, algo se apagó. El problema no era tu fe. Era el género literario.
Vengo de las megaiglesias. Y un día necesité algo más.Había algo que yo no sabía cómo nombrar.No era ingratitud. No era rebeldía. La iglesia donde crecí en la fe no tenía nada malo: la alabanza era extravagante, la comunidad genuina, y el amor de Dios absolutamente real en cada culto. Pero algo me faltaba, y yo no sabía cómo llamarlo. Quería conocer a Dios más a fondo. No solo sentirlo. Entenderlo.